martes, 16 de agosto de 2016
jueves, 4 de agosto de 2016
Tutankamón (primer faraón egipicio)
Tutankamón,1 llamado en vida Neb-jeperu-Ra Tut-anj-Amón,2 3 fue un faraón perteneciente a la dinastía XVIII de Egipto, que reinó de 1336/5 a 1327/5 a. C.4 Su nombre original, Tut-anj-Atón, significa «imagen viva de Atón», mientras que Tut-anj-Amón significa «imagen viva de Amón». Es posible que Tutankamón sea el rey Nibhurrereya de las cartas de Amarna, y probablemente el monarca denominado Ratotis, Ratos o Atoris, que reinó nueve años, según los posteriores epítomes de la obra de Manetón.5
Si bien formalmente se define que la Dinastía XVIII finaliza con el reinado de Horemheb, se puede afirmar con un alto grado de certeza que el joven Tutankamón fue el último faraón de sangre real de la dinastía. Ascendió al trono después del periodo de Amarna y devolvió a los sacerdotes de Amón la influencia y el poder que habían poseído antes de la revolución religiosa y política de Akenatón. Durante su corto reinado estuvo en manos de Ay y Horemheb, que se repartieron el poder: Ay administró Egipto y Horemheb manejó el ejército.
Su reinado se caracterizó por un retorno a la normalidad en el plano socio-religioso después del interludio protagonizado por el monoteísmo de Akenatón. Dicho retorno fue paulatino, restaurando el culto en los templos abandonados de dioses como Amón, Osiris o Ptah, colocando en funciones a la casta sacerdotal y permitiendo la celebración de los ritos pertinentes. En el plano artístico, los cánones inaugurados bajo la égida de Amarna seguirían fluyendo hasta fundirse con los patrones tradicionales del arte egipcio. En las imágenes oficiales, la imagen del joven rey sería enfatizada constantemente junto a su Gran Esposa Real conjugando la herencia visual de Amarna (las imágenes de intimidad familiar de la pareja real visibles en tronos, sillas, cofres, etc., encontrados en la tumba real) con el mensaje político oficial de continuidad de la dinastía, claramente visible por la profusión de imágenes de Anjesenamón.
Tutankamón no fue un faraón notable ni conocido en épocas antiguas; el tamaño relativamente pequeño de su tumba (KV62) fue la razón de que no fuera descubierta hasta el siglo XX.6 Howard Carter la encontró intacta en 1922. Su descubrimiento y los tesoros encontrados en ella tuvieron cobertura mundial en la prensa y renovaron el interés del público por el Antiguo Egipto, convirtiéndose la máscara funeraria del faraón en la imagen más popular. El hallazgo de su tumba, casi intacta, fue un aporte fundamental para la comprensión de la historia y cultura egipcia. Posibilitó sacar a la luz una cantidad apreciable de joyas, muebles, armas y variados utensilios; permitiendo esto ampliar el conocimiento de la civilización egipcia.
Si bien formalmente se define que la Dinastía XVIII finaliza con el reinado de Horemheb, se puede afirmar con un alto grado de certeza que el joven Tutankamón fue el último faraón de sangre real de la dinastía. Ascendió al trono después del periodo de Amarna y devolvió a los sacerdotes de Amón la influencia y el poder que habían poseído antes de la revolución religiosa y política de Akenatón. Durante su corto reinado estuvo en manos de Ay y Horemheb, que se repartieron el poder: Ay administró Egipto y Horemheb manejó el ejército.
Su reinado se caracterizó por un retorno a la normalidad en el plano socio-religioso después del interludio protagonizado por el monoteísmo de Akenatón. Dicho retorno fue paulatino, restaurando el culto en los templos abandonados de dioses como Amón, Osiris o Ptah, colocando en funciones a la casta sacerdotal y permitiendo la celebración de los ritos pertinentes. En el plano artístico, los cánones inaugurados bajo la égida de Amarna seguirían fluyendo hasta fundirse con los patrones tradicionales del arte egipcio. En las imágenes oficiales, la imagen del joven rey sería enfatizada constantemente junto a su Gran Esposa Real conjugando la herencia visual de Amarna (las imágenes de intimidad familiar de la pareja real visibles en tronos, sillas, cofres, etc., encontrados en la tumba real) con el mensaje político oficial de continuidad de la dinastía, claramente visible por la profusión de imágenes de Anjesenamón.
Tutankamón no fue un faraón notable ni conocido en épocas antiguas; el tamaño relativamente pequeño de su tumba (KV62) fue la razón de que no fuera descubierta hasta el siglo XX.6 Howard Carter la encontró intacta en 1922. Su descubrimiento y los tesoros encontrados en ella tuvieron cobertura mundial en la prensa y renovaron el interés del público por el Antiguo Egipto, convirtiéndose la máscara funeraria del faraón en la imagen más popular. El hallazgo de su tumba, casi intacta, fue un aporte fundamental para la comprensión de la historia y cultura egipcia. Posibilitó sacar a la luz una cantidad apreciable de joyas, muebles, armas y variados utensilios; permitiendo esto ampliar el conocimiento de la civilización egipcia.
Río Nilo (información)
La geografía
del Antiguo Egipto es muy significativa y va a influir muchísimo
en su arte. Egipto está situado en el nordeste de África
y está muy aislado de otros países por su situación
geográfica. Sus límites son: por el oeste, el desierto
de Libia; por el este, el desierto de Arabia; por el norte el mar
Mediterráneo y por el sur el macizo de Etiopía y el
desierto de Nubia.
Está recorrido de sur a norte por el río Nilo, que va a tener muchísima importancia en el desarrollo de esta civilización.
(Heródoto dice "Egipto es un don del Nilo"). Al Nilo le llaman río de los dioses ya que tiene un carácter sagrado y es honrado por los egipcios. El Nilo da vida al valle que se desarrolla a lo largo de él. Este valle va a tener una anchura muy pequeña, de 5 a 30 km, dependiendo de las zonas. Es un río muy irregular en cuanto al caudal debido a las lluvias monzónicas, por lo que crea inundaciones, que beneficiaban la fertilidad, por lo que la cosecha depende de las crecidas del Nilo, y de ella el trabajo y la vida. Desde finales de junio empieza a aumentar su caudal y va arrastrando en un principio malas hierbas y más tarde el limo, que se deposita en el suelo, momento que se aprovecha para sembrar. Esto sucede varias veces al año por lo que Egipto se convierte en un territorio muy rico y fértil.
Para controlar el agua aparecen los nilómetros, pozos con señales para medir el nivel del agua para anticiparse al peligro de inundaciones, y en ese caso, construir diques. Aunque este sistema provocaba mucho trabajo, se han seguido usando hasta el siglo XX por la construcción de la presa de Asuán en 1902 y 1971.
Está recorrido de sur a norte por el río Nilo, que va a tener muchísima importancia en el desarrollo de esta civilización.
(Heródoto dice "Egipto es un don del Nilo"). Al Nilo le llaman río de los dioses ya que tiene un carácter sagrado y es honrado por los egipcios. El Nilo da vida al valle que se desarrolla a lo largo de él. Este valle va a tener una anchura muy pequeña, de 5 a 30 km, dependiendo de las zonas. Es un río muy irregular en cuanto al caudal debido a las lluvias monzónicas, por lo que crea inundaciones, que beneficiaban la fertilidad, por lo que la cosecha depende de las crecidas del Nilo, y de ella el trabajo y la vida. Desde finales de junio empieza a aumentar su caudal y va arrastrando en un principio malas hierbas y más tarde el limo, que se deposita en el suelo, momento que se aprovecha para sembrar. Esto sucede varias veces al año por lo que Egipto se convierte en un territorio muy rico y fértil.
Para controlar el agua aparecen los nilómetros, pozos con señales para medir el nivel del agua para anticiparse al peligro de inundaciones, y en ese caso, construir diques. Aunque este sistema provocaba mucho trabajo, se han seguido usando hasta el siglo XX por la construcción de la presa de Asuán en 1902 y 1971.
El Antiguo Egipto fue una civilización que surgió al agruparse los asentamientos situados en las riberas del cauce medio y bajo del río Nilo. Tuvo tres épocas de esplendor en los periodos denominados por los historiadores Imperio Antiguo, Imperio Medio e Imperio Nuevo. Alcanzaba desde el delta del Nilo, en el norte, hasta la isla Elefantina (la actual Asuán, junto a la primera catarata del Nilo, en el sur), llegando a tener influencia desde el Éufrates hasta Gebel Barkal,
en la cuarta catarata del Nilo, en épocas de máxima expansión. Su
territorio también abarcó, en distintos periodos, el desierto oriental y
la línea costera del mar Rojo, la península del Sinaí y un gran territorio occidental que dominaba los dispersos oasis.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




